¿Violencia de género o Violencia contra la mujer?
El término Violencia de Género hace referencia a la violencia específica dirigida a las mujeres para ejercer sobre ellas una relación de poder que se basa en la discriminación y desigualdad entre hombre y mujer.
La violencia contra la mujer comprende la agresión física, psicológica y sexual e incluye las amenazas, las coacciones y la privación arbitraria de libertad que muchas de ellas sufren -ya sea en el ámbito público o privado- por el mero hecho de SER MUJER.
En esta violencia suelen coexistir múltiples formas de coacción e imposición de conductas que se manifiestan en formas física, psicológica, sexual, ambiental y/o económica. Estas agresiones causan daño físico y psicológico y vulneran la libertad de la mujer, con independencia de que conviva con el agresor.
Algunos datos sobre el maltrato a la mujer
Estudios clínicos recientes realizados sobre victimas de violencia de género reflejan que el maltrato psíquico produce consecuencias tan graves como el físico (Sarasua y Zubizarreta, 2000) aunque la ley española no lo tipifique como delito (no lo reconozca o lo haga en contadas ocasiones).
Una serie de factores entre los que se encuentra: la dependencia económica, social y afectiva de la mujer respecto al varón, las expectativas ingenuas de una remisión espontánea de la violencia, la ausencia (o escasez en el mejor de los casos) de apoyo social, el miedo y la vergüenza social que sufre la víctima sumados a la presión psicológica que ejerce el agresor (que es muy consciente de todos estos factores) explicaría que las víctimas tarden incluso años en buscar ayuda profesional (Lorente, 2001).
Los cifras causan escalofríos: un 58% de las mujeres que solicitaron tratamiento han sido agredidas en el último mes a pesar de estar separadas al menos durante los tres últimos meses. Esto nos indica que en más de la mitad de los casos, a pesar de que la mujer se aleje del agresor, puede iniciarse una nueva fase de acoso, sufrimiento e indefensión (Garrido, 2001; Sarasua y Zubizarreta,2000).
Estudios sobre el perfil psicopatológico realizados a víctimas de maltrato físico y maltrato psicológico no encuentran diferencias significativas en ambos. (Amor, Echeburúa, Corral, Sarasua y Zubizarreta, 2001b; Echeburúa et al., 1997). Estas conclusiones deberían darnos qué pensar ¿verdad?
El cerebro distorsiona, no quiere creer
Ya sabemos, lo hemos escrito y leído en multitud de ocasiones, que la violencia comienza de forma sutil. Al principio es de tipo predominantemente psicológico (insultos, desprecios, etcétera). Durante esta etapa, la víctima suele tender a las distorsiones cognitivas para sobrellevar la situación que se manifiestan a través de:
- La negación: una distorsión que hace que no vea que vive es una situación de maltrato… «un bofetón no es maltrato» , «mi pareja no es maltratador, sólo se pone nervioso!«
- La minimización del problema: una estrategia cognitiva a la que recurre para restar importancia a la situación y que consiste en hacer como si la situación de maltrato sufrida fuese algo sin importancia «sólo me ha empujado«, «El móvil no lo tiró, se le cayó«
- El autoengaño: que se manifiesta no asumiendo el rol de victima y considerando que su situación es diferente a otras situaciones, por ejemplo, aquellas de las que ha oído hablar en los medios de comunicación.
- La atención selectiva a los aspectos positivos de su pareja «con los nenes es muy cariñoso!«, «me trajo flore, para pedirme perdón«
- La justificación de la conducta violenta: una distorsión con la que resta intencionalidad al acto o pasa a considerarlo como algo normal, propio de los altibajos de la convivencia en pareja «Él no quiere pegarme«, «no se controla«, «cuando pierde los nervios…«
Cuando el maltrato adquiere formas bruscas e intensa, las consecuencias son más evidentes y en ocasiones proveen a la víctima de el choque cognitivo suficiente comprender el peligro que corre o, al menos, para tomar la decisión de salir de la situación. Es en estos casos en los que la víctima se plantea buscar ayuda externa o intentar separarse. Pero, no es así en todos los casos, lamentablemente. En muchas ocasiones el aumento de la intensidad de la violencia produce el efecto contrario: las distorsiones cognitivas se incrementan y la víctima opta por luchar para que la relación salga adelante.
Cuando se dan estos casos, la víctima puede recurrir a dos estrategias:
- Sobrevalorar la esperanza de cambio en su pareja «en el fondo es buena persona!«, «con la vida que ha llevado, el pobre, lo que necesita es cariño y tiempo«
- Autoinculparse por la violencia sufrida, es decir, atribuirse la responsabilidad del acto del agresor: la agresión «es que no se llevarlo«, «con tantos años juntos y no he conseguido aprender a entenderlo «, «no debería haber dicho o hecho…«, «igual no soy tan buena pareja«
La montaña rusa emocional
El sufrimiento del maltrato intermitente es desorienta profundamente a la víctima. A esta forma de maltrato se le llama la montaña rusa emocional porque el agresor alterna episodios o periodos de violencia con etapas de cariño. Este comportamiento, además de provocar diferentes reacciones psicopatológicas en la víctima, puede llevarla a un estado de confusión emocional en el que realmente no sabe cierto lo que siente. Generalmente esto se agrava por el aislamiento social y familiar en el que habitualmente se encuentra.
En este contexto la mujer puede considerar que debe seguir luchando para que su pareja cambie, que su pareja sería el hombre ideal si no fuera por la violencia, etcétera.
Será más adelante cuando la víctima se percate de que la violencia no sólo no desaparece, sino que aumenta en intensidad y de que es ya incontrolable. En esos momentos se siente desesperanzada e incapaz de salir de la situación por ella misma. Las estrategias cognitivas que utiliza en esa fase están relacionadas con la dependencia emocional, la resignación y la justificación de la permanencia en la relación (Vázquez, 2000) todo esto se hace de forma inconsciente, para reducir la disonancia cognitiva. En esta fase encontramos:
- La indefensión aprendida: una afectación por la que pierde la capacidad de defenderse, porque aprende que nada de lo que se haga servirá para parar la violencia de su pareja.
- La resignación: en la que pasa a compadecerse de si misma sintiéndome víctima de la situación, y no haciendo nada al respecto. Con frecuencia se dirá a si misma “esto es lo que hay, no puedo hacer nada”, «esto es lo que me ha tocado vivir «
Laura
Tras leer el artículo, creo que he pasado por todas las disonancias cognitivas que se exponen. De hecho pensaba que yo era una persona a la que no le gustaba dramatizar…hasta que la situación fue a más. Me costó un mundo reaccionar porque me sentía insegura hasta se mi sombra, pero hoy 2 años después puedo decir que se puede salir y que soy una persona mucho más feliz y más yo.
Felicito a la autora por su precisión porque no es un tema fácil de describir.